Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2015.1

Introducción

Existe hoy una corriente teológica que afirma que muchos creyentes cristianos deben preocuparse por “romper las maldiciones generacionales” (aquí abreviado con “MG”) que acarrean. La idea central de esta enseñanza es que mucha gente, aunque sea creyente en Cristo, lleva maldiciones como consecuencia de los pecados de sus padres, abuelos, bisabuelos, etcétera.

Supuestamente, tales maldiciones a uno lo predisponen e impulsan a cometer los mismos pecados de sus padres. No importa si la persona haya aceptado a Cristo como Señor y Salvador o no, las maldiciones siguen vigentes y activas hasta que tal persona haya pasado por un rito de “rompimiento de maldiciones” especial. Algunos hasta practican una suerte de exorcismo de demonios al dedicar un bebé al Señor.

El problema con todo esto es que confunde la a veces nefasta influencia de padres y medio ambiente con maldición y malinterpreta las escrituras bíblicas sobre los temas del pecado, las maldiciones, la salvación en Cristo y la santificación.[1]

La enseñanza actual MG es una tergiversación del evangelio, pues en verdad es una enseñanza tipo “Jesús y….  ”.  O sea, para ser verdaderamente salvo, uno necesita recibir a Cristo como su Salvador y también hacer algo más, – en este caso pasar por un proceso de liberación de demonios y maldiciones que supuestamente lleva aun después de haber confesado a Cristo como Señor. En ese sentido esta creencia tiene más en común con las sectas falsas como el mormonismo (Cristo + los ritos y reglas mormonas = salvación), que con el cristianismo ortodoxo.

1 Pedro 2:9 nos enseña que somos “… linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”  Sin embargo la confusa y distorsionada doctrina MG nos pide pensar que uno puede estar en esa luz admirable, y a la vez estar poseído por demonios y atado por “maldiciones satánicas”. En la práctica es una doctrina que estima al rito de “rompimiento de maldiciones” realizado por un pastor de la actualidad como cosa más poderosa que la confesión de Cristo como Señor y Salvador.

El Dr. W. E. Nunnally de Evangel University en Springfield, Missouri, resume las deficiencias de la enseñanza MG de la siguiente manera:

  1. Niega la suficiencia de las Escrituras y requiere que se añadan a la Palabra de Dios pruebas, rituales, y fórmulas generadas por el hombre (compare 2 Timoteo 3:15–17; 2 Pedro 1:3–8).
  2. Niega la perfecta obra de Cristo en la Cruz.
  3. Tergiversa el evangelio de Cristo (véase Gálatas 1:6–9).
  1. Niega la enseñanza bíblica de la responsabilidad personal.
  2. Nos acerca un paso más al paganismo del que fuimos llamados.
  3. Pone exagerado énfasis en la obra del hombre, y da vueltas a la idea de una relación con Dios basada en las obras.[2]

El problema de fondo es una confusión sobre el tema de santificación. La motivación de la enseñanza MG yace en el hecho de que muchas personas, aun después de aceptar a Cristo como Señor y Salvador, encuentran que luchan con tentación y pecado en sus vidas. ¿Cómo llega un cristiano a vivir en victoria? La Biblia tiene mucho que decir sobre eso, pero en ningún lugar prescribe las cosas que enseñan los maestros de la enseñanza MG.

Seguramente muchos de los que enseñan la doctrina MG tienen muy buenas intenciones y sinceramente desean ayudar a las personas a vivir en victoria sobre el pecado. El problema es que en este caso, el remedio ofrecido es peor que la enfermedad, pues se hace un diagnóstico fallado y se ofrece una solución errónea, que a la vez distorsiona y empobrece la apreciación de Cristo.

Veamos cuales son los errores principales de la enseñanza “maldiciones generacionales” y cuál es la respuesta bíblica al problema del pecado en la vida del creyente.

 

Las ideas centrales de la enseñanza sobre “maldiciones generacionales”

La expresión “maldición generacional” no aparece en la Biblia. Es un término acuñado en tiempos recientes. La doctrina nace de una mala interpretación que se hace de Éxodo 20:3-6, en la declaración de los Diez Mandamientos.

No tendrás dioses ajenos delante de mí. 

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra,  ni en las aguas debajo de la tierra. 

No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. 

Marilyn Hickey afirma que “si un pecado es cometido reiteradas veces, se convierte en una “iniquidad” que puede ser traspasada por la sangre. Cuando una persona transgrede la ley continuamente, se crea en él una iniquidad que es pasada a los hijos. Los hijos tendrán la debilidad que los inclinará hacia el mismo tipo de pecado.”[3]

La idea es que un pecado (hebreo HATTAT) que se comete con frecuencia regular se llega a convertir en una iniquidad (AVON). Según la enseñanza MG, donde uno se encuentre con la palabra “iniquidad” en la Biblia, debe entender que se trata de un pecado que trae una maldición generacional. Es un pecado hereditario que se traspasa en la herencia genética y con presencia demoníaca adjunta.

Larry Huch lo explica así:

“Creo que Dios desea que sepamos que aparte de Jesús y la comprensión que su sangre nos ha liberado, las iniquidades son traspasadas desde los padres y las madres a los hijos y a los hijos de los hijos. La iniquidad heredada por los hijos es traspasada por medio de una maldición que no es el resultado de algo que hayan hecho los hijos, sino es el resultado de algo que sucedió en la vida de sus antepasados y que les cayó encima. . .  Por medio de la concepción, se nos ha traspasado debilidades y heredamos una fuerza espiritual maligna en nuestro interior que nos doblega bajo su naturaleza destructiva.”[4]

Espíritus Familiares

Otra enseñanza de la corriente MG es que lo que se transmite no es solamente la culpa del pecado del progenitor sino demonios también. Se enseña que existen “espíritus familiares” es decir, demonios pertenecientes  o vinculados a determinadas familias. Estos demonios supuestamente quedan “ligados” a una familia durante decenios y hasta siglos, pasando de una generación a otra por medio de la reproducción natural, en la sangre.

La enseñanza es entonces, estar bajo una maldición generacional involucra a estos “espíritus familiares” quienes tientan o esclavizan a miembros de una misma familia con el fin que de sigan cometiendo los mismos pecados durante generaciones, sea alcoholismo, violencia doméstica, incesto, adulterio, o cualquier otra cosa.

Liberación de la Maldición Generacional

Los maestros de la enseñanza MG dicen que para ser liberado de una maldición generacional uno tiene que indagar e investigar su genealogía para descubrir cuáles fueron los pecados graves cometidos por sus ancestros, ya que uno deberá pedir perdón por esos pecados como si fueran suyos.

Neil Anderson enseña que para librarse de una maldición generacional, uno debe declarar tres cosas.

  1. “Como hijo de Dios, aquí y ahora rechazo y me deshago de todos los pecados de mis antepasados. 
  2. Cancelo toda actividad demoníaca que me sido pasada por mis ancestros.
  3. Mando que todo espíritu familiar que está dentro de mi o alrededor mío que se vaya al abismo y que se quede ahí hasta el día del juicio.”

Anderson asegura que el hacer tal o similar oración entonces, romperá la maldición y librará al afectado de sus efectos.

 

Refutación de la enseñanza “Maldiciones Generacionales”

La enseñanza MG tiene muchos seguidores en este tiempo, los inicios del siglo xxi. Sin embargo, es una enseñanza falsa que se puede refutar bíblicamente y sin mayor dificultad. Los que afirman la enseñanza MG suelen apuntar a Éxodo 20:5 como una “prueba” de su doctrina, pues en el pasaje Dios dice “visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación”. Entonces, Dios supuestamente castiga a las personas por los pecados de sus padres, abuelos, y bisabuelos. Pero, ¿se estará comprendiendo el pasaje correctamente?

Hay que ver mejor el pasaje de Éxodo 20:5, en su contexto. 

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.   

No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. Exo. 20:4-6

 Algunas observaciones sobre el pasaje:

  1. Esta expresión se encuentra en el contexto mayor de la declaración de los Diez Mandamientos. El texto citado comenta el segundo mandamiento, contra la idolatría.
  2. En todo el pasaje no aparece nunca la palabra “maldición”. La palabra hebrea QALAL, que es traducida como “maldición” en Deut.28:15, 45; 30:19 y muchos otros lugares del Antiguo Testamento, ¡no aparece ni una sola vez en todo el libro de Éxodo!
  3. Dios aquí advierte contra el pecado de la idolatría, la cual fomenta muchas otras clases de pecado.
  4. Dios quería hacerles entender que el introducir una cultura idolátrica tendría un impacto terrible en una familia, hasta varias generaciones. Este mandamiento en contra de la idolatría, es donde aparece esto de los efectos nefastos del pecado sobre los hijos, los nietos, y los bisnietos. Es decir, todos los que puedan ser directamente influenciados por el padre de familia idólatra.

La misma advertencia no se da en ningún otro de los Diez Mandamientos. ¿Por qué? ¿Por qué no hay una similar advertencia en el mandamiento contra el adulterio?  Los maestros MG insisten que si uno comete adulterio, así como también lo hizo su padre, que eso es indicio de una maldición generacional – pero ¿por qué solo encontramos esta exhortación en el mandamiento contra la idolatría?

Dios les está diciendo que si permiten que se fomente una cultura idolátrica en Israel, será un problema terrible, y muy difícil de erradicar, pues los hijos, nietos y bisnietos seguramente seguirán el ejemplo del padre, abuelo y bisabuelo.

Dios NO estaba diciendo, “Si ustedes pecan, pase lo que pase, les juro que me voy a desquitar con sus hijos, nietos y bisnietos”.  Dios no es así.

Los de la tercera y cuarta generación no son el punto donde se agotan los castigos por el pecado del antepasado, y donde por fin a Dios se le acaba la rabia. Lo que dice este texto es que Dios advierte que cada generación repetirá el ciclo, practicando la idolatría. El juicio de Dios solamente cae sobre los culpables, “los que me aborrecen”.  Dios no castiga a los inocentes.

Los maestros de la corriente MG no toman nota de que en el mismo versículo Dios ofrece  su misericordia hasta a mil generaciones de quienes aman al Señor. Véase Rom. 5:20b más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. 

La interpretación correcta de Éxodo 20:5 sencillamente es que no hay que caer en la idolatría, pues ese pecado, además a afectar a los adultos, es fácilmente observado, aprendido y repetido por los hijos y los nietos; y todos los que cometen el pecado también sufrirán su merecido castigo. No hay nada en el pasaje sobre castigo o culpa sobre hijos inocentes sino sobre “los que me aborrecen”.

En el caso de la idolatría, más ser que un pecado individual y secreto, era un pecado colectivo y abierto que impactaba fuertemente en la familia y la sociedad pues los padres motivaban a sus hijos, nietos y hasta bisnietos a seguir su ejemplo. Dios advierte de las consecuencias nefastas de la idolatría, y que castigaría a quienes repiten la iniquidad de sus antepasados, pues no han cambiado sino que perseveran en el pecado.

Al ver la historia de Israel, nos damos cuenta de la importancia y seriedad de esta situación con este pecado en particular. La idolatría fue la causa primordial de la destrucción de Israel y del cautiverio de Judá – no el robo ni el falso testimonio, ni siquiera el adulterio. Todos aquellos pecados indudablemente se cometieron en Israel, pero el pecado que más los alejó de Dios, el que condujo a las otras formas de pecar, el que impactó a muchas generaciones y que fue repetido de generación en generación hasta que por fin cayó el castigo de Dios sobre la nación, fue la idolatría, el abandono de la adoración de Jehová en pos de otro dios. El profeta Oseas hizo la denuncia de esta verdad:

Tu becerro, oh Samaria, te hizo alejarte; se encendió mi enojo contra ellos, hasta que no pudieron alcanzar purificación. 

Porque de Israel es también éste, y artífice lo hizo; no es Dios; por lo que será deshecho en pedazos el becerro de Samaria.    Oseas 8:5-6. 

 Hay que observar otra cosa sobre Éxodo 20:5. Ahí no se dice nada sobre el diablo o Satanás. La sentencia del castigo que caerá sobre los que pecan viene de Dios y no del diablo. ¿Cómo se puede usar este versículo para enseñar sobre supuestas “maldiciones satánicas”?

Todos los pasajes del Antiguo Testamento que contienen la palabra “maldición” que los maestros MG usan para apoyar su enseñanza, son pasajes donde es Dios quien advierte sobre el castigo que vendrá sobre el pecador.  Uno se debe preguntar, si hay una maldición sobre algo, puesta ahí por Dios, ¿quién se cree tan poderoso que es capaz de deshacer una obra de Dios? ¿Cuántas veces aparece en la Biblia la expresión “maldición satánica” o “maldición diabólica”? Cero. Ninguna.


El significado y uso del vocablo “maldición” en la Biblia

En la Biblia hay dos tipos de maldiciones, las que un hombre puede injuriar sobre otro hombre (ej. Job 31:30), y las que pronuncia Dios (ej. Deut.29:19,20; Num.5:22; Isa.24:6; etc.).

En ningún lugar declara la Biblia que es Satanás quien pronuncia las maldiciones. Por ejemplo, en la narración sobre la caída de Adán y Eva, es Dios y no Satanás quien declara el estado de maldición que habría sobre la tierra como fruto de su pecado (Gen. 3:17). Indudablemente, Satanás fue quien tentó a la mujer, y el iniciador de todo el problema, pero la maldición sobre la tierra la pronunció Dios, y no Satanás. Por ende, será Dios y no Satanás quien levante esa maldición, con la Segunda Venida de Cristo.

Las maldiciones pronunciadas por los hombres efectivamente eran estimadas como algo más que un simple deseo de mala suerte para un enemigo. En verdad eran una suerte de oración a dioses y espíritus para que éstos trajesen mal contra el objeto de la maldición, tal como Goliat maldijo a David, invocando a sus dioses (1 Sam.17:43). Sin embargo, así como las palabras de Goliat no intimidaron a David, la Biblia desconoce el poder de las maldiciones humanas. En ningún lugar advierte Dios del peligro de caer bajo una maldición pronunciada por voluntad humana.

Las únicas maldiciones que Dios exhorta a tomar en serio son las que Él mismo ha pronunciado. En el bien conocido pasaje que concluye la sección sobre las bendiciones y maldiciones de Deuteronomio 28 y 29, no hay que olvidar que es Dios, y no el diablo, quien dice,

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.” Deut.   30:19.

El principal sustantivo en el hebreo que se traduce como “maldición” o “juramento” es la palabra ALAH.  Se refiere principalmente a “la ejecución del juramento requerido para validar un pacto o acuerdo” (Vine). Es la palabra que usó el criado de Abraham al hablar con la familia de Rebeca, cuando describió el juramento que había hecho de buscar esposa para Isaac entre su parentela (Gen. 24:41). En el Salmo 10:7, David describe al hombre malo de la siguiente manera: “Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua hay vejación y maldad.”  La palabra “maldición” que aparece ahí es ALAH. En otras palabras David afirma que el hombre malo hace juramentos buscando mal para las personas. La versión Biblia de las Américas traduce este pasaje como “Llena está su boca de blasfemia, engaño y opresión; bajo su lengua hay malicia e iniquidad”. En ningún momento expresa David que siente temor de tales maldiciones; simplemente está describiendo al hombre inicuo en su ira y desesperación para hacer el mal.

Hay dos verbos en el texto bíblico hebreo que se traducen como “maldecir”, estos son QALAL y ARAR. QALAL literalmente tiene que ver con decir que algo es liviano o insignificante.    Fue la palabra usada para describir como Goliat maldecía a David. ARAR es una expresión de juicio por violación del pacto de Dios, y es la que aparece en Deuteronomio 27 y 28. Ahí aparece dieciocho veces, y en todo el A.T. un total de sesenta y tres. Solo Dios puede verdaderamente maldecir con ARAR.

En cuanto a los “espíritus familiares”

El problema con este aspecto de la enseñanza MG, está en el uso de la palabra “familiar”. Lo toman como “propio de la familia”. Pero un estudio del texto bíblico y el hebreo revelan que significa un espíritu inmundo “bien conocido”, el otro sentido de la palabra “familiar”. Es decir, se describe a un hombre que ha entrado voluntariamente en relación estrecha con el espíritu, practica necromancia, y no algo que le está pasando a una familia. El origen de la expresión “espíritu familiar” es la traducción al español de la expresión en inglés “familiar spirit” que sí aparece en la versión inglesa antigua de la Biblia. En la versión King James del año 1611, Levítico 20:27 reza así:

“A man also or woman that hath a familiar spirit, or that is a wizard, shall surely be put to death: they shall stone them with stones: their blood shall be upon them.”

Una traducción bien literal al castellano de este texto sería:

“Un hombre también o una mujer que tenga un espíritu familiar, o que sea un brujo, a tal persona seguramente se le dará muerte: se les apedreará con piedras; su sangre estará sobre ellos mismos.”

Sin embargo, en las versiones de la Biblia publicadas en el español, el texto de Lev.20:27 dice así:

Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.” (Versión Reina Valera 1960)

“Si hay médium o espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente han de morir; serán apedreados; su culpa de sangre sea sobre ellos.”  (La Biblia de las Américas)

Todo hombre o mujer que evoque a los muertos y se dé a la adivinación será muerto, lapidado; caiga sobre ellos su sangre.” (Versión Nacar Colunga)

“Cualquiera de ustedes, hombre o mujer, que sea nigromante o espiritista, será condenado a muerte. Morirá apedreado, y será responsable de su propia muerte.” (Nueva Versión Internacional)

Obsérvese que la expresión “espíritu familiar” no aparece en ninguna versión de la Biblia en español. Tampoco la idea que se trata de “un hombre con un espíritu pegado a su familia” o cosa por el estilo. En cada caso, los traductores de las versiones castellanas (así también como en las versiones más modernas en el inglés) no usan la expresión “hombre que tenga un espíritu familiar” sino simplemente “espiritista” o “hombre que evocare espíritus” u otra expresión similar.  Eso es porque el texto hebreo original no describe a una persona poseída por un demonio que lleva generaciones de presencia en su familia, sino a un hombre espiritista, un médium que invoca a los muertos, un hombre bien familiarizado con los demonios. La enseñanza sobre “espíritus familiares” no es más que una triste y falsa doctrina fundamentada en una mala comprensión y una pésima interpretación de un pasaje de la versión “King James” de la Biblia en inglés antiguo, del año 1611.

En esa versión de la Biblia (King James),  la expresión “familiar spirit” aparece en siete lugares: Lev. 20:27; 1 Sam. 28:7; 1 Sam 28:8; 1 Cron.10:13; 2 Cron. 33:6; Isa.19:3 e Isa 29:4. La palabra hebrea usada en todas estas instancias es OBE, que tiene de raíz el sonido de una vasija vacía. Aquella palabra se usaba para describir a un ventrílocuo, uno que hacia hablar a los muertos, un médium o espiritista. El mismo vocablo OBE aparece en Isaías 29:4:

Isa 29:4  “Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma (OBE), y tu habla susurrará desde el polvo.  ”

El problema es que los norteamericanos maestros de la enseñanza MG han traducido la expresión inglesa arcaica y mal comprendida al castellano y solo Dios sabe a cuantos idiomas más. Hasta hay libros sobre “Espíritus Familiares” editados en castellano, pero ni el concepto, como tampoco la expresión de la idea existe en toda la Biblia.

En conclusión, la falsa enseñanza actual sobre “maldiciones generacionales” está fundada sobre el fundamento de la falsa enseñanza sobre “espíritus familiares”.

En cuanto a la fórmula para liberación de Anderson. 

Las palabras de Anderson, citadas al inicio de este escrito, son muy impresionantes, pero se equivoca en muchas cosas.

  1. Tú no eres el dueño,  ni tampoco el responsable por los pecados de tus padres y ancestros.
  2. Ningún demonio habita dentro de un hijo de Dios.  (1 Juan 4:4)
  3. Tú no tienes la autoridad para enviar demonios al abismo. Eso lo hará Dios cuando El decida. Jesús en la tierra envió demonios a los cerdos y no al abismo. (Mar.5:13).

 

Las Uvas Agrias de Ezequiel

Hay un pasaje en la profecía de Ezequiel que establece de manera muy clara e imposible de malentender, lo que Dios piensa sobre el pecado y como esto se relaciona con padres e hijos.

Ezequiel 18:1-4 (NVI)

El Señor me dirigió la palabra:

“¿A qué viene tanta repetición de este proverbio tan conocido en Israel: Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes?

Yo, el Señor omnipotente, juro por mí mismo que jamás se volverá a repetir este proverbio en Israel. La persona que peque morirá. Sepan que todas las vidas me pertenecen, tanto la del padre como la del hijo. 

Los judíos en Babilonia, en cautiverio, citaban un refrán que reflejaba su creencia en las “maldiciones generacionales”. Decían que “los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes”. Con eso decían, “Nuestros padres pecaron, pero nosotros estamos sufriendo el cautiverio en Babilonia. No es justo. Dios no es justo al castigarnos por algo que no hicimos. Estamos bajo una maldición que no merecemos.”

Dios confronta a tal prepotencia de parte de los judíos exiliados con este poderoso mensaje, dado por el profeta Ezequiel. Les afirma que están en el exilio de manera muy justa y merecida, pues Dios no castiga al inocente.

El profeta les enseña que Dios juzga a cada uno por separado. Él es el amo y el juez de cada vida. Veamos el resto del pasaje en Ezequiel capítulo 18:

 

El caso del hombre justo v- 5-9

“Quien es justo practica el derecho y la justicia; no participa de los banquetes idolátricos en los cerros, ni eleva plegarias a los ídolos malolientes de Israel. No deshonra a la mujer de su prójimo, ni se une a la mujer en los días de su menstruación. No oprime a nadie, ni roba, sino que devuelve la prenda al deudor, da de comer al hambriento y viste al desnudo.       

No presta dinero con usura ni exige intereses. Se abstiene de hacer el mal y juzga imparcialmente entre los rivales. Obedece mis decretos y cumple fielmente mis leyes. Tal persona es justa, y ciertamente vivirá. Lo afirma el Señor omnipotente. 

 El caso del hijo pecador v.10-13

“Pero bien puede suceder que esa persona tenga un hijo violento y homicida, que no siga su ejemplo y participe de los banquetes idolátricos en los cerros; que deshonre a la mujer de su prójimo, oprima al pobre y al indigente, robe y no devuelva la prenda al deudor, y eleve plegarias a los ídolos e incurra en actos repugnantes; que, además, preste dinero con usura y exija intereses. ¿Tal hijo merece vivir? ¡Claro que no! Por haber incurrido en estos actos asquerosos, será condenado a muerte, y de su muerte sólo él será responsable. 

 

El caso del hijo/nieto justo v.   14-17

“Ahora bien, ese hijo podría a su vez tener un hijo que observa todos los pecados de su padre, pero no los imita, pues no participa de los banquetes idolátricos en los cerros, ni eleva plegarias a los ídolos malolientes de Israel, ni deshonra a la mujer de su prójimo;

no oprime a nadie, no roba, devuelve la prenda al deudor, da de comer al hambriento y viste al desnudo; se abstiene de hacer el mal, no presta dinero con usura ni exige intereses; cumple mis leyes y obedece mis decretos. Un hijo así no merece morir por la maldad de su padre; ¡merece vivir!

En cuanto a su padre, que fue un opresor, que robó a su prójimo y que hizo lo malo en medio de su pueblo, ¡morirá por su propio pecado!

“Pero ustedes preguntan: ¿Por qué no carga el hijo con las culpas de su padre? ¡Porque el hijo era justo y recto, pues obedeció mis decretos y los puso en práctica! ¡Tal hijo merece vivir!

 

Aquí aparece la idea central del mensaje:

Eze.   18:20  Todo el que peque, merece la muerte, pero ningún hijo cargará con la culpa de su  padre, ni ningún padre con la del hijo: al justo se le pagará con justicia y al malvado se le pagará con maldad. 

 Eze.   18:21-30

“Si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, y obedece todos mis decretos y practica el derecho y la justicia, no morirá; vivirá por practicar la justicia, y Dios se olvidará de todos los pecados que ese malvado haya cometido. ¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva? Yo, el Señor, lo afirmo. 

 ”Si el justo se aparta de la justicia y hace lo malo y practica los mismos actos repugnantes del malvado, ¿merece vivir? No, sino que morirá por causa de su infidelidad y de sus pecados, y no se recordará ninguna de sus obras justas. 

“Ustedes dicen: El Señor es injusto. Pero escucha, pueblo de Israel: ¿En qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos? Cuando el justo se aparta de la justicia, cae en la maldad y muere, ¡pero muere por su maldad!

Por otra parte, si el malvado se aleja de su maldad y practica el derecho y la justicia, salvará su vida. Si recapacita y se aparta de todas sus maldades, no morirá sino que vivirá. 

“Sin embargo, el pueblo de Israel anda diciendo: El Señor es injusto. Pueblo de Israel, ¿en qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos? Por tanto, a cada uno de ustedes, los israelitas, los juzgaré según su conducta. Lo afirma el Señor omnipotente.   Arrepiéntanse y apártense de todas sus maldades, para que el pecado no les acarree la ruina.”

Esta misma idea ya se había declarado en Deut. 24:16.

Deu 24:16  “No se dará muerte a los padres por la culpa de sus hijos, ni se dará muerte a los hijos por la culpa de sus padres. Cada uno morirá por su propio pecado. 

Véase también Jer.   31:29-32

En aquellos días no volverá a decirse: “Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes.  Al contrario, al que coma uvas agrias se le destemplarán los dientes, es decir, que cada uno morirá por su propia iniquidad.

“Vienen días afirma el Señor en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá  No será un pacto como el que hice con sus antepasados el día en que los tomé de la mano y los saqué de Egipto, ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo afirma el Señor. 

 ”Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel afirma el Señor: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie a su hermano: ¡Conoce al Señor!, porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán afirma el Señor. Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados.”

 El profeta Jeremías, citando el mismo refrán mencionado por Ezequiel, sobre las uvas agrias, declara lo mismo, – que Dios no quiere que se vuelva a decir tal cosa. Y luego, reflejando la exasperación de Dios con el pueblo judío que mal interpretaba su ley para justificarse, les anuncia que vendrá un cambio. Habrá un nuevo pacto, un pacto en el cual la ley estará escrita en sus corazones y mentes. El nuevo pacto en Cristo será la solución para el problema de los abusadores que enseñaban maldiciones generacionales en el tiempo del exilio.

Véanlo bien,  JEREMÍAS DICE QUE PRECISAMENTE POR SOSTENER UNA DOCTRINA DE MALDICIONES GENERACIONALES, ISRAEL PERDIÓ SU CONDICIÓN DE PRIVILEGIO Y DIOS ANUNCIÓ QUE HARÍA OTRO PACTO.

Según Jeremías, la creencia de los judíos ya en cautiverio de que Dios les castigaba por los pecados de sus padres y no por sus propios pecados fue la gota que derramó el vaso. Se sellaba la suerte de Israel, que había recibido una comisión de ser una nación sacerdotal, una luz para las naciones gentiles, que modelarían las bendiciones de la vida bajo el pacto con Dios, pero que había fallado miserablemente en cumplir esa misión. En vez de cumplir su misión divina, los israelitas desobedecieron el mandamiento, y en vez de influenciar a las naciones vecinas, se dejaron influenciar por ellas, tomando y practicando sus formas de idolatría. Además de eso, menospreciaban a Jehová, estimándolo como injusto y cruel. Por eso, Dios les anunció por Jeremías que haría un nuevo pacto, y un nuevo pueblo. Anuncia la aparición de la Iglesia de Cristo.

Esta verdad es de gran importancia, pues los maestros de la enseñanza MG, siempre se limitan a citar pasajes sobre maldiciones declaradas en el Antiguo Testamento.  Son cosas tocantes al viejo pacto.  Debemos apreciar lo que Jeremías anunció, y entender que NO ESTAMOS VIVIENDO BAJO EL VIEJO PACTO. Estamos en el nuevo pacto, el pacto que Cristo selló con su sangre. Todo eso que se aprecia en Deuteronomio 28 y otros pasajes afines en el A.T. son expresiones sobre las condiciones que Dios establecía para Israel para su vida bajo el pacto.

Lo que nos toca a nosotros hacer hoy, es saber cuáles son las condiciones, las demandas, las bendiciones y los castigos que se expresan en el Nuevo Pacto, el pacto por medio del cual hemos entrado al Reino, y bajo cuyas leyes hemos de vivir.

 

Veamos que dice el NT sobre esto

Increíblemente, y a pesar de todo lo dicho por los profetas Ezequiel y Jeremías, en los tiempos de Jesús aún se creía en esto de las maldiciones generacionales. Véase Juan 9:1-3.

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”

Todavía existía la creencia de una u otra forma en las “maldiciones generacionales” en aquel tiempo. Si una persona nacía con algún impedimento físico – tal como este hombre ciego desde su nacimiento – se consideraba que era un castigo divino caído sobre los padres por sus pecados. Tal como lo expresan las palabras de los discípulos, algunos rabinos enseñaban que el impedimento era castigo por pecado del mismo niño. Alegaban que era posible que el niño, antes de nacer y estando aun en el útero de su madre, habría tenido pensamientos pecaminosos, y por eso nacía con problemas.  (Véase el comentario por William Barclay.)

Cristo no avaló tales ideas en absoluto. Ni aquí, ni en ninguna ocasión, declaró a personas con problemas como víctimas de maldiciones acarreadas desde sus antepasados.

A cada persona que confrontaba, lo confrontaba con su propio pecado, y le llamaba al arrepentimiento.

Los apóstoles tampoco enseñaron la doctrina de “maldiciones generacionales”, a pesar de vivir y ministrar en un contexto lleno de creencias acerca de maldiciones y brujerías. Durante el primer siglo aún existía mucha creencia en las maldiciones entre los gentiles paganos.  La ciudad de Éfeso era un centro de actividades de brujos que vendían supuestas maldiciones escritas sobre pequeñas planchas de plomo o cobre, que uno podía comprar y usar para “maldecir” a un enemigo o rival.[5] Los arqueólogos han encontrado miles de estos pequeños “katadesmos” o “Efesia grammata” por todo el antiguo imperio romano.  No cabe duda que “echar” y “romper” maldiciones era una actividad muy común en el pueblo pagano. Sin embargo, el Nuevo Testamento no toma en serio para nada a tales cosas. Ni siquiera los menciona. Al escribir a los efesios, Pablo hace hincapié en que los que están en Cristo reinan con Él en las regiones celestes (Véase Efesios 1:3,20-22; 2:6; 6:12). En ningún lugar prescribe cómo romper una “maldición generacional” o de cualquier otro tipo. Simplemente no toma el tema en serio. Igual que en el Antiguo Testamento, las únicas maldiciones que se toman en serio, son las divinas, las decretadas por Dios mismo.

Un repaso a la literatura del Nuevo Testamento nos muestra además lo siguiente:

1.         Cristo jamás invitó a alguna persona a investigar sobre los pecados de sus ancestros para confesarlos y así ganar libertad de sus propias tentaciones.

2.         Cristo jamás afirmó que habían demonios que moraban en determinadas familias y que estos eran pasados en generación en generación.

3.         Ninguno de los apóstoles jamás predicó que para ser verdaderamente salvo había que pasar  por algún rito de rompimiento de maldiciones generacionales. El mensaje apostólico sobre la salvación siempre fue el mismo:

 

  • “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.” – Hechos 2:38
  • “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” – Hechos 16:31
  • “…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”  – Romanos 10:9
  • “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”  – Efesios 2:8,9
  • “Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.”1 Juan 4:15
  • “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que   ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.” -1 Juan 5:1

 

Obsérve por favor que los apóstoles jamás exigieron que alguien indagara sobre los pecados de sus padres o que procurara romper alguna maldición generacional. Si ellos no lo hicieron, ¿por qué se está imponiendo esta carga a los creyentes de hoy en día?

La enseñanza MG esencialmente dice que lo que uno necesita para ser verdaderamente salvo es “Cristo, MÁS otra cosa”. Los judaizantes afirmaban que lo necesario era “Cristo MÁS la circuncisión”. Hoy en día, la enseñanza es que hay que tener Cristo MÁS una liberación de demonios y maldiciones generacionales por mano de algún “chamán carismático”.

La enseñanza MG es una afrenta a la verdad de la absoluta suficiencia de Cristo y su sacrificio en la cruz. Observe lo que el Nuevo Testamento nos enseña sobre los efectos de la obra de Cristo en la cruz y las bendiciones que reciben los que confían en El.

Rom.   8:1-2

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.  Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Gálatas 3:24-29

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.  Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa. 

Col.1:12-14

con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. 

Col.2:8-10

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 

Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,  y vosotros estáis completos en él,  que es la cabeza de todo principado y potestad. 

Gálatas 3:10-13

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente,  porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición  (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),

Juan 8:36

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres

2 Corintios 5:17

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 

Que conste que todos estos textos fueron escritos a grupos de personas que vivían en un medioambiente lleno de creencia en brujerías y maldiciones. Que conste también que todos estos pasajes describen a la persona que ha confesado a Cristo Jesús como su Señor y Salvador (Romanos 10:9). En ningún lugar del Nuevo Testamento se sugiere que estos textos describen a la persona que ha aceptado a Cristo y además ha pasado por un rito de rompimiento de maldiciones generacionales. Tal concepto simplemente no existe en ningún lugar de la Biblia.

En Cristo está toda nuestra salvación. No es necesario creer en Cristo, y además de eso, buscar algún exorcista moderno para romper supuestas maldiciones generacionales que aun rigen la vida. Eso sería poner al moderno exorcista al mismo nivel o quizás aun a un nivel mayor que el de Cristo.

Que el Señor nos ayude a proclamar siempre la verdad de Cristo, nuestro único y suficiente Salvador.

En cuanto a la santificación

En la introducción de este escrito se dijo que el problema de fondo es una confusión sobre el tema de santificación y que la motivación de la enseñanza MG yace en el hecho de que muchas personas, aun después de aceptar a Cristo como Señor y Salvador, encuentran que todavía luchan con tentación y pecado en sus vidas.

Este es un tema que ha provocado mucha discusión y una variedad de opiniones a través de la historia eclesiástica. Para el católico romano, la santificación viene por recibir los sacramentos, por otro lado, para los wesleyanos, la llenura del Espíritu Santo es un evento purificador que elimina todas las tendencias hacia el pecado que existan en el creyente.

En este escrito breve quizás no se podrá responder a todas las preguntas que emanan del tema, pero creo que las Escrituras sí afirman varias cosas que nos ayudan a comprender mejor el asunto.  Creo que las escrituras afirman que nuestra santificación, nuestra vida en Cristo, libre del pecado involucra a cuatro cosas: la sangre de Cristo, el Espíritu Santo, la Palabra de Dios y nuestra propia voluntad.

 

1.         La sangre de Cristo. 

Véase las palabras de 1 Juan 1:6-10

Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no  ponemos en práctica la verdad.  Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.

Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la  verdad.  Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros

 

Observaciones:

A.        Aun después de recibir a Cristo como Señor, el creyente puede caer en pecado.

B.         La solución al pecado es la confesión de la misma, confiando en la fidelidad del Señor para perdonarnos.

C.        La sangre de Cristo hace una operación continua de limpieza en nuestras vidas. En la expresión “la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado”, el verbo “nos limpia” (Gr. KATHARIZE) está en un modo presente continuo. Es decir, “limpia y sigue limpiando continuamente”.  No hay que pensar que uno recibe perdón de los pecados únicamente en el momento de recibir a Cristo y que si peca después de eso, está irremisiblemente perdido o endemoniado o bajo una maldición. La gracia de Cristo cubre nuestra vida diaria, perdonándonos nuestras faltas y conduciéndonos hacia la santidad, en medida que le buscamos en arrepentimiento por nuestros pecados. En resumidas cuentas, la sangre de Cristo no ha perdido su poder.

D.        No hay nada en el pasaje que habla sobre la confesión de pecados de antepasados, el rompimiento de maldiciones generacionales o cosa por el estilo.

 

2.         El Espíritu Santo

El Espíritu Santo está presente en nuestra santificación antes, durante y después de nuestra conversión. Esta es su misión en el mundo, santificar al pueblo de Dios.

Antes que uno se entregue a Cristo, es el Espíritu Santo quien le convence de su pecado, le motiva al arrepentimiento y lo atrae a Cristo. Sin esta acción del Espíritu, que penetra la dureza del corazón, convence a la persona de su pecaminosidad, alumbra la mente con la verdad del evangelio, e impulsa el pecador hacia el arrepentimiento, nadie se salvaría.

En el momento mismo de su conversión, cada creyente es bautizado por el Espíritu en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. (1Cor.12:13), y es santificado por el mismo Espíritu (2 Tes.   2:13).

2 Tes. 2:13,14 RVR

Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor,  de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.      

El Espíritu Santo es quien aplica los beneficios del sacrificio de Cristo a nuestras vidas. Es como un río que nos lava y limpia. (Juan 7:37). El Espíritu Santo también testifica a nuestro espíritu que somos hijos de Dios (Rom. 8:15,16).

Pablo hace hincapié que para no satisfacer los deseos de la carne, hay que aprender a “andar en el Espíritu” (Gal.5:16). En ese capítulo tan importante sobre este asunto, Gálatas 5, en ningún lugar se mencionan las “maldiciones generacionales”, “culpas heredadas de nuestros padres” o cosas por el estilo. El énfasis está en que cada uno tiene su lucha con los deseos de la carne, pero el Espíritu Santo está aquí para ayudarnos a vencer. Si aprendemos a andar en el Espíritu, a ser guiados por el Espíritu, podremos manifestar el fruto del Espíritu en vez de las obras de la carne.

Gal 5:16,17 

Digo,  pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

En 1 Tesalonicenses 4:1-8 Pablo escribe sobre la aplicación práctica de esta realidad en el matrimonio y otras relaciones interpersonales. Así reza el texto en la versión NVI:

“Por lo demás, hermanos, les pedimos encarecidamente en el nombre del Señor Jesús que sigan progresando en el modo de vivir que agrada a Dios, tal como lo aprendieron de nosotros. De hecho, ya lo están practicando. 

Ustedes saben cuáles son las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús. 

La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios; y que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en este asunto.    

El Señor castiga todo esto, como ya les hemos dicho y advertido. Dios no nos llamó a la impureza sino a la santidad; por tanto, el que rechaza estas instrucciones no rechaza a un hombre sino a Dios, quien les da a ustedes su Espíritu Santo.”

Además de todo eso, cada creyente puede y necesita ser bautizado por Cristo en el Espíritu Santo (Marcos 1:8, Hechos 2:4) para recibir poder para ser un testigo de Cristo. El Espíritu Santo trae dones a nuestras vidas para que sirvamos al pueblo de Dios y demos testimonio poderoso de Cristo.

 

3.         La Palabra de Dios

Las Escrituras dejan ver con claridad que la Palabra de Dios también es un agente de santificación.

Juan 17:17 – “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”

Efesios 5:26, 27 – “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.”

Col 3:16  – “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y    exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones  al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”

1 Tim.   4:5 – “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.” 

Esta idea no se limita al Nuevo Testamento. Ya en el Antiguo Testamento hay amplio testimonio sobre la importancia de aprender y conocer la Palabra de Dios para que el creyente goce de su efecto purificador tanto en sus pensamientos como en sus acciones.

Véase el Salmo 119 y algunos ejemplos de cómo este salmo enseña la relación entre el amor hacia la Palabra de Dios y la vida de santidad.

¿Con qué limpiará el joven su camino?

 Con guardar tu palabra.  vs. 9

En mi corazón he guardado tus dichos,

Para no pecar contra ti. v. 11

Aparta de mí el camino de la mentira,

Y en tu misericordia concédeme tu ley.  v. 29

Inclina mi corazón a tus testimonios,

Y no a la avaricia.  v. 36

Guardaré tu ley siempre,

Para siempre y eternamente. 

Y andaré en libertad,

Porque busqué tus mandamientos.  vs. 44,45

Lámpara es a mis pies tu palabra,

Y lumbrera a mi camino.  v. 105

 

Las epístolas universales también afirman la verdad sobre el poder de la Palabra.

1 Pedro 2:2 – Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,

1 Juan 2:14 –  Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio.  Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. 

Nótese que Juan declara a los jóvenes que habían vencido al maligno por causa de la permanencia de la Palabra en ellos. Más que investigar sobre los pecados de sus ancestros, quienes hoy luchan con tentaciones y pecado debieran dedicarse al estudio de la Palabra de Dios, pues ahí encontrarán fuerzas para vencer.

 

4.         Nuestra propia voluntad

Al hablar de la voluntad humana no digo que somos capaces de vivir libres de pecado solamente por acto de nuestra voluntad. Sin la sangre de Cristo, la presencia del Espíritu Santo y la Palabra de Dios en nuestras vidas estaríamos irremisiblemente esclavizados al pecado.

Lo que sí quiero decir es que no debemos pensar que vivir en santidad no involucra a nuestra voluntad. Dios no nos ha hecho robots. No nos va a obligar a asumir una conducta y estilo de vida que no deseamos tener. Lo que tenemos que hacer es, en obediencia a la Palabra de Dios y al impulso del Espíritu Santo, doblegar nuestra voluntad para que se alinee con la voluntad de Dios.

En la misma conversión, la voluntad humana es de vital importancia. Es posible que una persona sienta la convicción del Espíritu Santo y su atracción hacia Cristo, y de todas formas le resista (Hechos 7:51). Toda persona que ha aceptado a Cristo ha experimentado esa crisis y lucha fundamental, de rendir su voluntad al proyecto de Dios.

Nuestro auto-control, nuestro domino propio, es un factor clave en nuestra santificación.  El Señor espera de nosotros que aprendamos a vivir en obediencia a sus preceptos, aunque cueste, y aunque sea difícil.

El discipulado tiene un costo. El Señor Jesucristo mismo lo definió como negarse uno a si mismo, tomar su cruz, y seguirle (Mat. 16:24). Eso implica decisión, voluntad, compromiso y acción.

Hay que entenderlo bien. La vida como discípulo de Cristo no es una vida donde todo viene servido en bandeja, donde los creyentes somos meros espectadores y consumidores, y Dios es el gran Mayordomo que corre para buscarnos las cosas que le pedimos. Es una vida de entrega a Cristo, de sometimiento a su voluntad para participar en la extensión de su reino y de descubrir cómo vencer las tentaciones y artimañas del diablo mediante el poder de la Palabra de Dios, la sangre de Cristo y el Espíritu Santo, que nos han sido dados por Dios para nuestro bien.

Santiago describe muy bien la importancia del ejercicio de la propia voluntad en conjunto con el poder de la Palabra de Dios para efectuar cambios en nuestras vidas.

Santiago 1:22-25

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 

Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”

 

Aquí se describe a dos tipos de personas, una que oye la Palabra y no hace nada, y otra que oye la Palabra y hace algo en respuesta al mensaje que ha recibido. ¿Cuál es la diferencia entre las dos personas?  ¿Qué Dios solo quiso que uno de ellos reaccionara bien?  No. ¿Qué uno de ellos no había recibido liberación de sus maldiciones generacionales y el otro sí? Para nada. Nada hay ni en este, ni NINGUN pasaje de la Biblia que diga semejante cosa.

La diferencia está en que uno tomó la decisión con su propia voluntad de responder a la Palabra de Dios, en fe, actuando, haciendo lo que debía hacer, y el otro, que simplemente no quiso hacer nada. Nuestro libre albedrío, el ejercicio de nuestra propia voluntad, también juega un papel importante en nuestra lucha contra el pecado. Desconocer esto es hacer que Dios sea el autor de nuestro pecado y no nosotros mismos.

 

Conclusión 

Recapitulemos los problemas principales que hay con la corriente de las maldiciones generacionales:

1.         La enseñanza MG está basada en una interpretación sumamente equivocada de Éxodo 20:5 y otros pasajes Tal interpretación inventa ideas que no estaban en el mensaje original e ignora las declaraciones bíblicas que con claridad dicen lo contrario.

2.         Tiene una visión pobre de la obra de Cristo y del acto de confesarle como Señor y Salvador. Algunos llegan a considerar que su “liberación de las maldiciones generacionales” fue su verdadera conversión, y no el momento previo en su vida cuando lo confesaron con Señor y Salvador.

3.         Esta enseñanza es abusiva con las personas, al obligarlas a someterse a un líder actual quien subjetivamente hace su diagnóstico de lo que agobia a la persona e identifica a demonios y maldiciones supuestamente presentes, según su propio criterio.

4.         Esta enseñanza desconoce la importancia de los factores ambientales en el desarrollo de la personalidad y la conducta. Evidentemente, si un niño es formado en un hogar donde hay violencia, alcoholismo, y toda forma de abuso, es muy posible que cuando grande caiga en conductas similares. Para que eso suceda no es necesario estar bajo una “maldición generacional” o poseer un “espíritu familiar”. Es algo fácilmente previsible, pues las cosas que dominan el medio ambiente de un niño en sus primeros años de vida le marcarán para toda la vida.

5.         Esta enseñanza anima a las personas a excusarse de sus propios pecados, proyectándolos y su culpa a sus antepasados. Eso no les ayuda en lo más mínimo a tratar con su propia realidad. Vimos en la profecía de Ezequiel como Dios trató a los judíos que alegaban semejante mecanismo de defensa de proyección.

El tema de las Maldiciones Generacionales está presente entre muchas iglesias y con mucha fuerza. A pesar de las buenas intenciones de muchos de sus seguidores, no es más que una tergiversación del evangelio de Cristo que en vez de ayudar a las personas solamente las frustra, al darse ellos cuenta después de su “ceremonia de rompimiento de maldiciones” que las cosas siguen igual. El que escribe este artículo conoce a una persona que por el desencanto sufrido en manos de estos maestros intentó suicidarse después que se le dijo que estaba endemoniado y que transmitiría demonios a sus hijos, a pesar de ser creyente bastante tiempo.

Es hora que prediquemos el mensaje puro del evangelio de Cristo y su poder para cambiar y transformar vidas, y que se ponga fin a una corriente de enseñanza que tristemente se está usando para manipular y abusar a personas que con sinceridad buscan respuestas a sus problemas.

 


[1]Otro factor a considerar es que cuando un cristiano cree en las maldiciones generacionales bien puede ser que sostiene una cosmovisión híbrida en lugar de una enteramente bíblica. Para más estudio sobre este importante asunto, vea “Cosmovisiones y el mundo invisible” en http://ag.org/enrichmentjournal_sp/201303/201303_098_worldviews.cfm. 

[2] W. E. Nunnally. “Los pecados de la maldición generacional”, Enrichment Journal, otoño del 2007, en Internet en http://ag.org/enrichmentjournal_sp/200704/200704_114_GenCurse.cfm. 

[3] Hickey, Marilyn. Breaking Generational Curses [Rompiendo las maldiciones generacionales],(Tulsa: Harrison House, 2000), 21. 

[4] Larry Huch,  Free at Last: Removing the Past from your Future [Libre por fin: como quitar el pasado de tu futuro], (New Kengsington, PA: Whitaker House, 2000), 46. 

 

Bibliografía

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Hickey, Marilyn. Break the Generation Curse [Rompa la maldición generacional], Denver: Marilyn Hickey Ministries, 1988.

_____________. Breaking Generational Curses [Rompiendo las maldiciones generacionales],Tulsa: Harrison House, 2000.

Huch, Larry. Free at Last: Removing the Past from your Future, [Libre por fin: como quitar el pasado de tu futuro] New Kengsington, PA: Whitaker House, 2000.

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Reddin, Opal, Ed. Power Encounter: a Pentecostal Perspective [Encuentro de poder: una perspectiva pentecostal] Springfield, MO: Central Bible College Press, 1999.