Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1984.1

 

Mucha gente cae en herejías, o pone un énfasis equivocado sobre un pasaje bíblico, debido a su falta de capacidad para interpretar correctamente las Escrituras. Dice Pablo claramente en 2 Timoteo 3:16 que toda la Escritura es inspirada por Dios. La voz “inspiración” en el griego da la idea de “espirar”, lanzar el aliento. Dios no aspiró la Escritura, sino que la espiró. Su Palabra se presenta veraz, digna de confianza, porque procede de Él. La Escritura es inspirada por Dios y es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17).

El problema es que muchos se enredan cuando se ponen a interpretar la Palabra. Para ayudar a llegar a interpretaciones sanas, voy a presentar cinco principios de interpretación.

1. LA BIBLIA ENTERA DA LUZ SOBRE CUALQUIER PARTE DE ELLA MISMA

El problema con las enseñanzas falsas es que se basan en un fragmento que se ha arrancado del conjunto. Ninguna porción representa la totalidad de la Escritura. La Escritura total es una regla, un instrumento para medir. Nadie rompe una regla en dos, procurando medir con un pedacito de cinco centímetros, o usarlo como si fuera la regla entera.

Me fascina ver cómo Cristo usaba las Escrituras en su totalidad para interpretar un fragmento. Por ejemplo, cuando se le trae la mujer tomada en adulterio, ciertas partes de la Escritura sugerirían de veras que fuera condenada y apedreada. Otros aspectos de la Biblia, sin embargo, pedirían misericordia y libertad. Así que el Señor apoyó un equilibrio bíblico entre la justicia de la ley de Dios y la misericordia divina (Juan 8:3-11).

El diablo le citó textos a Jesús, tratando de hacerle creer que los ángeles lo recogerían en su caída antes de que se lastimara los pies en las piedras. ¿Qué hizo Jesús? Contestó el texto con otro, para mantener equilibrio. Es cierto que Dios cuida de nosotros, pero también es cierto que no debemos tentar o probar a Dios. Un texto no permite que se deseche otro, sino que hay que poner todo en equilibrio.

Por eso, el tema de la fe es como una moneda de dos caras. Una cara es lo que podríamos llamar “fe activa”, o sea una fe que cree y logra ver un cambio de las circunstancias que Dios ha hecho. La otra cara de la fe es la perseverancia que sigue creyendo aun cuando no se ve cambio alguno. Ambas caras son parte de la misma fe. Dicen algunos que si uno no ve un milagro en medio de dificultades, es que no tiene fe. En cambio otros dicen que hay fe cuando, a pesar de no ver ninguna respuesta o cambio, uno se mantiene firme y fuerte en medio de circunstancias adversas. La verdad es que las dos actitudes son parte de la misma fe, y tenemos que buscar un equilibrio en el asunto.

2. EL NUEVO TESTAMENTO INTERPRETA EL ANTIGUO

Cristo sienta este principio en el sermón de la Montaña una y otra vez: “Oísteis que fue dicho… pero yo os digo” (Mateo 5:21, 22; 27, 28; 31, 32; 33,34; 38, 39; 43,44).

El Antiguo Testamento habla de un reino político en la tierra. ¿Cómo lo vuelve a definir Jesús? Presenta el Reino en su realidad espiritual. Describe el Reino en forma nueva.

El Antiguo Testamento expone la fórmula de la salvación a base de la observancia de reglamentos y leyes dietéticas, pero la cuestión fundamental del Nuevo Testamento es la buena nueva de que cualquier persona es candidata para una admisión sin reservas a la comunidad de Dios, sin la condición de obedecer ciertas provisiones de la ley. Se nos revela esta interpretación en Hechos 15, donde la comunidad cristiana luchó con el problema de esas leyes y comenzó a ver dentro del mismo Antiguo Testamento aquella semilla liberadora del Evangelio.

Al estudiar el Antiguo Testamento, por consiguiente, hay que tener presente el punto de vista de Cristo y de los apóstoles, y esto se convierte en un filtro. Hay que mirar el pasaje del Antiguo Testamento por el lente del Nuevo, con el fin de descubrir debidamente el principio presentado en el Antiguo, sin aplicar necesariamente lo que especifica al pie de la letra.

Permítame poner un ejemplo. Sé de un joven no muy espiritual, que jugaba mucho citándoles a las muchachas Éxodo 22:18: “A la hechicera no dejaras viva.” Queda obvio que, desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la comunidad cristiana no tiene licencia para sacar a una persona del templo y apedrearla. Lo único que se especifica es que se celebren juicios, y se llegue hasta privar a la persona del derecho a ser miembro del grupo.

Con este principio en mente, es más fácil interpretar los salmos imprecatorios. De vez en cuando, vemos a David deseando la muerte para sus enemigos. “Mátalos, Jehová. Acaba con todos”, dice. “Quiero verlos muertos. ¿Cómo es que les permites seguir con vida?”

Puesto que vivimos en la edad del Nuevo Testamento, nos damos cuenta de que tenemos que amar a nuestros enemigos. Sabemos que al final Dios sí castigará a los malos, pero mientras tanto, tenemos la admonición de hacer el bien a aquellos que nos maldicen y orar por los que nos ultrajan y nos persiguen.

Nos dice Hebreos 10 que el Antiguo Testamento no es sino la sombra de los bienes venideros. Moisés fue siervo en la casa de Dios, pero Cristo es el Hijo, y por lo tanto tiene derecho preeminente.

Esta clave de filtrar el Antiguo Testamento a través del Nuevo nos guardará de los pormenores raros. Algunos hallan en el Levítico una doctrina en cada color e hilo mencionado. Cristo no empleó esa clase de método interpretativo. Siempre buscaba el principio absoluto que está en el fondo de la realidad externa. El Nuevo Testamento nos conduce al corazón de la ley, más que a los atavíos de las exigencias legalistas.

La revelación de Dios a su pueblo es como la aurora. Es un proceso gradual como el sol que a medida que sube por el horizonte, clarea el día. Se ve cada vez más. Cuándo había penumbras, ¿brillaba menos el sol? No. Todo se debía a que el sol estaba en una perspectiva diferente. Así es como Dios prepara a su pueblo. Él instituyó la ley como nodriza para que nos llevara a Cristo. Así se vieron diferentes gradaciones de luz hasta que Cristo, la luz divina y perfecta, apareció para aclararnos todo.

3. LAS EPÍSTOLAS INTERPRETAN LOS PASAJES HISTÓRICOS DEL NUEVO TESTAMENTO

Veamos ahora el tercer principio que ayuda a evitar las herejías. Tomemos el caso de la parábola de las diez vírgenes. Cuando yo era niño, esta parábola me daba la impresión de que el Señor iba a detener el rapto hasta el momento en que me encontrara sin aceite en mi lámpara, y luego, ¡zas!, aparecería y me dejaría atrás. ¡Qué miedo me daba!

¿Es esta parábola una presentación de la doctrina de la salvación? Las epístolas nos hacen ver que logramos nuestra justificación por la fe. Romanos y Gálatas nos revelan de manera clara que nuestra justicia es la de Cristo. ¿Sería lógico, entonces, que si el Señor regresa en un momento en que estoy airado, me decomise la salvación? Si somos salvos por la fe, no seremos raptados por las obras.

Lo mismo sucede con el joven rico, a quien el Señor le dice que venda todo lo que posee. ¿Cuál será la aplicación universal para todo creyente? ¿Tenemos todos que vender lo mucho o lo poco que tenemos? En aquel momento, el Señor penetró hasta lo profundo del interior del joven y vio una necesidad de su persona. No era un mandato universal para todo creyente de todos los tiempos, que deberían vender siempre todas sus pertenencias como condición para entrar en el Reino de Dios. Sabemos que no es así, porque en Gálatas se estipula que el justo vivirá por la fe.

Desarrollamos entonces una estructura de mayordomía. Partiendo, no de la historia, sino de las epístolas, y luego volviendo a la historia, reconocemos que algunos sí reciben un llamamiento especial de dejarlo todo para seguir al Señor. Otros son llamados para quedarse donde están y servir en un contexto de fidelidad a Dios dentro del orden de su propia vida.

4. LOS PASAJES SISTEMÁTICOS INTERPRETAN LOS PASAJES ESPECÍFICOS O INCIDENTALES

Este cuarto principio también nos ayuda a evitar problemas. Los mormones edifican una doctrina sobre 1 Corintios 15:29 para celebrar bautismos por los muertos. En este pasaje específico, Pablo combate lo que decían algunos creyentes de Corinto para negar la resurrección. Presenta una serie de razones en contra de esta idea. Entre ellas menciona la práctica de bautizar por sustitución.

Los mormones toman este pasaje para levantar la doctrina del bautismo por sustitución de los muertos. Es un ejemplo de empleo de un pasaje incidental para levantar una doctrina de gran peso sobre el texto. Sin embargo, en ningún lugar dice Pablo que el personalmente respalda tal práctica. Solamente le echa mano a una costumbre de ellos para señalar la falta de lógica que demuestran al negar la resurrección. No aprueba la práctica ni la desaprueba. En ningún lugar de las epístolas encontramos que si todo falla y llegamos a morir, nos queda el recurso de que otro se bautice por nosotros en sustitución para que alcancemos la salvación. Al contrario, las epístolas nos enseñan que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.

5 LOS PASAJES UNIVERSALES INTERPRETAN LOS PASAJES LOCALES

Un quinto principio muy útil para interpretar correctamente las Escrituras es someter las aplicaciones locales de naturaleza cultural a la luz de pasajes que tienen una intención global. Por ejemplo, algunos han entendido que Pablo, al devolver un esclavo a Filemón, se pone a favor de la esclavitud, o por lo menos, prefiere el statu quo.

No es así. Pablo expresa la doctrina con intención universal en Gálatas 3:28. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” En el caso de Unésimo, el esclavo de Filemón, lo único que enseña Pablo es que en determinadas situaciones, todavía no había llegado el momento de aplicación universal de la verdad. Enseña que los creyentes tienen que comportarse bien mientras esperan que el impacto de la gloriosa libertad del Evangelio llegue a sentirse en la cultura y la sociedad de que forman parte.

Toda la Escritura es útil, es provechosa. Hagamos un esfuerzo por entenderla dentro de las pautas que ella misma nos revela.

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

El Dr. George Wood es Superintendente de las Asambleas de Dios de Estados Unidos y ha sido profesor de Biblia en el Southern California College. Predicó este mensaje en la iglesia de Costa Mesa hace algunos años, un domingo por la noche.